Ruta del Duero


Comenzando en Simancas, con sus bellas panorámicas de la Plaza del Mirador, su iglesia del siglo XVI, con bellos retablos del mismo momento, y sobre todo, su castillo-archivo del siglo XV, reformado por Felipe II para guardar los documentos de la Corona.

Aguas abajo, junto al río, está la iglesia de San Miguel del Pino, obra del siglo XIII. En su interior, hay buenas pinturas del Maestro de Portillo. Así se llega a Tordesillas. Desde su puente se divisa una bella panorámica de la localidad. Está ligada al famoso Tratado de 1494, por el que Castilla y Portugal establecieron la frontera de sus dominios atlánticos en un palacio, que se conserva en la actualidad. En la villa vivió Juana la Loca, tras ser destituida del gobierno de Castilla.

Entre las fiestas de Tordesillas destaca la de septiembre, con el famoso Toro de Vega, que es alanceado por los mozos en la vega del Duero.

En Castronuño destaca su iglesia del Cristo, del siglo XIII, con bellas panorámicas sobre la vega remansada por un pequeño embalse.

El río penetra en tierras del Alfoz de Toro, sede de otras denominación de origen para sus caldos tintos. Toro es una ciudad de gran pasado histórico, elevada para defender el vado sobre el río, atravesado por un gran puente. De orígenes celtibéricos, como se advierte en el berraco o toro conservado, tuvo gran importancia en la Edad Media. El edificio más insigne es su Colegiata de los siglos XII al XIII.

El recorrido por las fértiles riberas del rio Duero nos lleva a Zamora, la bien cercada. De orígenes celtibéricos, se convirtió en la Ocellum Duri romana, como asentamiento para la defensa del puente sobre el río. Fue repoblada en el siglo X y cedida por Fernando I a su hija Doña Urraca. El cerco sostenido por su hermano Sancho originó la muerte de éste por Vellido Dolfos y la venganza del Cid.

Desde el río una característica panorámica con las murallas y la mole de la Catedral. El casco histórico es lugar encantador, recogido y austero en las horas fuera de comercio. Su caserío posee bellos edificios civiles como el Ayuntamiento, de los siglos XV-XVI, la Alhóndiga renacentista, la Casa de los Momos, de fines del XV, el Palacio de Puñoenrostro o Casa del Cordón, y el de los Condes de Alba y Aliste, de fines del siglo XV, pero con patio y portada renacentista.

Entre sus edificios religiosos, la Catedral es obra de transición, de estilo cisterciense, con el más bello cimborrio de cúpula nervada sobre tambor, de aspecto exótico. También destaca su Puerta del Obispo. En su interior hay una bella sillería de coro y retablos interesantes. Además se ofrecen al caminante un gran conjunto de iglesias románicas, como la de San Pedro y San Ildefonso; la de la Magdalena, con buena escultura; la de San Cipriano, la de Santa María de Horta, del siglo XIII; la de los Caballeros de San Juan y la de San Juan de Puerta Nueva en la Plaza Mayor, con reformas del XVI.


Ruta de los Castillos


Partiendo la ruta desde Toro, en donde encontramos El Alcazar de Toro, de base cuadrada rodeada de elevados muros, y flanqueado con ocho cubos en las fronteras y ángulos. De este fuerte castillo fueron alcaides por el rey los Ulloa, marqueses de la Mota, a finales del siglo XV y principios del siglo XVI. Se construyo en el siglo XV. Actualmente se encuentra restaurado y rehabilitado.

A continuación, si tomamos la carretera hacia Medina de Rioseco, a pocos kilómetros nos encontramos un desvío al Castillo de Villalonso del siglo XV.

Posteriormente, tomando la misma carretera, nos encontramos con el Castillo de Tiedra situado en un espigón, defendiendo el pueblo, y dominando el amplio Valla del Duero hacia Toro. Su estructura es muy simple y arcaica: una torre cuadrada protegida por una cerca a su alrededor.

La torre, muy sólida, es de planta cuadrada y se alza a 20 mts. de altura, tiene varios pisos abovedados. Le faltan las almenas, pero se conservan los matacanes sobre los que se apoyarían. El recinto que rodea la torre consiste en una muralla almenada con dos cubos en dos de sus lados y restos de un tercero en otro. Su construcción parece datar del siglo XIII.

Y por último siguiendo carretera, llegamos a Urueña, tras cruzar la autovía N-VI Madrid-A Coruña; la villa de Urueña nos ofrece un claro ejemplo de villa castellana fortificada. Su castillo de planta rectangular, posee cubos cilíndricos en las esquinas y en el centro de los muros a excepción del situado en la esquina sur que es de planta cuadrada. En realidad su fisonomía no difiere externamente de la muralla, excepto por la mayor altura de sus muros.

La muralla es de mampostería, franqueada de trecho en trecho, por cubos semicilíndricos. Lo más destacable son sus dos puertas: la de la Villa, orientada hacia el valle y la del Azogue, hacia el interior del páramo. La primera presenta arco apuntado y posee ranura para rastrillo y huecos para los goznes de la puerta, la segunda, al estar abierta al terreno llano, se dispone flanqueada por dos altos cubos que forman un estrecho callejón antes de llegar a ella. Todas estas construcciones militares, son dificiles de datar, por sus abundantes reconstrucciones, pero podemos fecharlas alrededor del siglo XIV.


Ruta de Tierra de Campos


Partiendo la ruta desde Toro, con dirección Morales de Toro, aqui cogemos la carretera hacia Mota del Marques, antiguo pueblo fortaleza, poseyo dos castros en sus proximidades. Se conservan las ruinas del torreón del castillo. La iglesia Parroquial del Salvador es obra de Rodrigo Gil de Montañón y consta de cabecera de trazado gótico, interior de salón con bóvedas estrelladas, esbeltas columnas cilíndricas y torre a los pies. Su portada es plateresca. Retablo Mayor del siglo XVI. Palacio del Marques de Ulloa, con patio abierto y arcos rebajados, se atribuye también a Rodrigo Gil de Montañón.

A continuación nos dirigiremos hacia Tiedra donde encontramos un castillo del siglo XIII. La iglesia del Salvador del siglo XVI. La iglesia de San Pedro, de estilo mudéjar, con reformas del siglo XVII. La Ermita de la Virgen de Tiedra, en sus afueras.

Posteriormente, retomando el camino, llegaremos a San Cebrian de Mazote; all´ñi podremos contemplar una iglesia Mozárabe del siglo X. La cabecera consta de tres ábsides. El crucero se cubre con cúpula. El cuerpo del edificio es basilical, separando sus tres naves por columnas monolíticas con arcos de herradura. Bella techumbre de madera. En su interior se guarda una bella Asunción de Alabastro de Inocencio Berruguete.

Más alla nos encontraremos con Urueña situada sobre una loma; villa amurallada que conserva todo su cinturón. Castillo del siglo XIV, hoy cementerio municipal. Puertas de la Villa y del Azogue. Iglesia Parroquial de cabecera gótica y cuerpo renaciente. Museo Etnográfico de Joaquin Díaz. En los alrededores de la villa se encuentra la Ermita de la Anunciada (siglo XII), edificada en el más puro estilo románico lombardo, mucho más propio de tierras catalanas o aragonesas.

Si continuamos podemos visitar Villagarcía de Campos, con la Colegiata de San Luis, modelo para la arquitectura jesuítica en Castilla, fue trazada por Rodrigo Gil de Montañón y construida por Juan Vega y Pedro de tolosa en el siglo XVI, la fachada muestra el énfasis de la desnudez escurialense. Su interior es de una sola nave con capillas entre contrafuertes. El retablo mayor fue trazado por Juan de Herrera y ejecutado por Juan Sanz de torrecilla en 1579. Capilla de reliquias y museo histórico-artístico.

Para comenzar la vuelta, ahora podemos dirigirnos hacia el Monasterio de La Santa Espina, construido en un valle formado por el arroyo Bajoz en los Montes Torozos; su fundación data de la primera mitad del siglo XII. Su planta es puramente cisterciense. Se comienza en el siglo XII y se termina en el siglo XVIII. Destacamos su sobria iglesia, la capilla de los Vega (siglo XIV), la sala capitular (siglo XII) y sus dos claustros del siglo XVII. La fachada neoclásica del siglo XVII se atribuye a Ventura Rodríguez.

Ya de camino de vuelta pararemos en Torrelobatón, donde se encontramos un castillo del siglo XV. A su vez, podemos visitar la iglesia de Santa María, mudéjar del siglo XVI. Plaza Mayor, cuenta con varias casas porticadas de buena factura y en la misma plaza se encuentra el Ayuntamiento de estilo post-herreriano.

Y ya antes de llegar a Toro de nuevo, podemos parar en Villalar de los Comuneros, villa histórica donde se produjo el levantamiento comunero en 1521, cuya fecha da lugar al día de Castilla y León. Existe un monolito en memoria de los comuneros.


Ruta de Espacios Naturales


Las Riberas de Castronuño aparecen como un espacio natural situado al centro oeste de la provincia de Valladolid y cuyo territorio engloba el tramo del no Duero comprendido entre las localidades de Tordesillas y Castronuño. En esta última localidad se encuentra, además, el embalse de San José. Las riberas de Castronuño constituyen un emblemático ecosistema palustre que destaca por su importancia para la nidificación y como zona de invernada de muchas y variadas aves acuáticas. Un interesante bosque de ribera, formado principalmente por chopo negro, sauce, álamo blanco, fresno y majuelo, acompaña al rio en su sinuoso discurrir por la llanura sedimentaria. Además de embellecer el paisaje, esta formación rupícola sirve de refugio y protección a una gran cantidad de aves, entre las que destacan las importantes colonias de garza real, martinete y garceta común.

En Castronuño también tienen sus refugios invernales una gran cantidad de ánades reales, patos cucharas, porrones comunes, porrones moñudos y cormoranes. Aguas arriba de Castronuño se localiza la interesante localidad de Tordesillas.

Al noreste de la provincia de Zamora y en plena Tierra de Campos se localiza el complejo lagunar de Villafafila, que constituye uno de los más importantes humedales de todo el norte peninsular y, sin duda, el más significado enclave para las aves acuáticas, esteparias y migradoras de Castilla y León. Formado por tres lagunas principales -Salina Grande, Barillos y Salinas- y otra serie de humedales más pequeños, está enclavado sobre suelos arcillosos alrededor de la cuenca semiendorréica del no Salado. En torno a las zonas encharcadas se localiza un territorio dominado por las tierras de cultivo y en el que se asienta una de las aves más emblemáticas de Villafafila: la avutarda. Los cerca de 2.000 ejemplares de esta gran ave que aquí viven forman su mayor población a nivel mundial. También son reseñables las ingentes cantidades de ánsares comunes que eligen estas lagunas para pasar el invierno. Muy cerca de Villafafila se localizan las ruinas del monasterio cisterciense de Moreruela. Sus restos están colonizados por un gran número de cigüeñas blancas. Por toda la zona se pueden contemplar unas auténticas y casi desconocidas joyas de la arquitectura rural: los palomares.

Al noroeste de la provincia de Zamora y rodeada por las comarcas del Aliste, la Carballeda, Sanabria, Tierra de Campos y, la ya portuguesa, de Tras Os Montes, se levanta el extenso territorio de la Sierra de la Culebra. Su suave, modesto y redondeado relieve -su mayor altura son los 1.243 metros del pico de Pena Mira- es el resultado de la erosión sobre los antiguos materiales de un plegado afloramiento de pizarras, granitos, cuarcitas y gneis del periodo ordovicico. Los primitivos bosques de robles y encinas han sido sustituidos por repoblaciones artificiales de coniferas y por extensas formaciones de brezos y jaras. En su interior vive la mayor población de lobos de toda Europa occidental.

En el oeste de Zamora y Salamanca, donde el Duero se hace frontera con Portugal y se encajona formando los cañones más profundos y extensos -casi un centenar de kilómetros- de toda la Península Ibérica, se encuentra la comarca de Los Arribes. Un espacio natural privilegiado en el que destacan la belleza agreste de su paisaje granítico y una rica y variada fauna y flora. El relieve de Los Arribes pertenece al dominio del Zócalo Paleozoico y está constituido fundamentalmente por granitos y granodioritas. Sus paisajes más bellos y escabrosos han sido formado por los ríos Duero, Huebra y Uces. En el cañón de este último se localiza una de las cascadas más bellas y espectaculares de toda la Península: el Pozo de los Humos, donde el agua cae desde más de 200 metros.


Ruta de las Semanas Santas


La Semana Santa de Zamora está declarada de Interés Turístico Internacional. Cada cofradía organiza su propia procesión. Y son 17. Muchas cosas, imágenes, recorridos, visitas, luces y sombras, recogimiento y devoción, que llamaran la atención del que se acerca a Zamora para participar de su Semana Santa. En Zamora, pueblan la Semana Santa curiosos personajes, viejas costumbres y tradiciones antiguas y modernas. «El Barandales» y el «Merlú» son dos buenos ejemplos. Ambos preceden y anuncian sonoramente el cortejo que viene. La Procesión del Silencio y la toma de juramento tienen, incluso, connotaciones legendarias. Los penitentes que salen de Cabañales y vienen a la ciudad desde la otra orilla del Duero visten la capa parda alistana y alumbran su camino con un farol. Y los nazarenos de la madrugada comparten con los espectadores de la procesión unas sopas de ajo con huevo frito («dos y pingada») y torrijas; y despabilan el sueño con orujo y se muestran generosos con las muchachas a las que regalan almendras garrapiñadas. Costumbres, viejas y nuevas, de los cofrades zamoranos para una semana de sacrificio y penitencia de la que destacamos dos momentos especialmente sensibles, ambos musicados: El primero, la salida en la madrugada del Viernes Santo del paso Camino del Calvario, conocido popularmente como «el cinco de copas». Y el segundo, en el momento en que arrancan las voces graves con el salmo penitencial del Miserere, del Padre Alcacer, en la Procesión del Yacente, apagadas todas las luces artificiales y alumbrada la procesión y su escenario, la Plaza de Viriato, solamente por los cirios.

Otras peculiaridades: La cofradía de Jesús de Luz y Vida procesiona un cristo a hombros y lo conduce hasta el cementerio para rezar por los difuntos. La Procesión de la Buena Muerte está formada por cofrades que visten el hábito de monjes y se alumbran con teas encendidas. El miércoles es el día del silencio, ya se ha dicho; pero no es el silencio de los cofrades, sino de la ciudad, ante el Cristo de las Injurias.

Si salimos a la provincia nos encontraremos con que en Toro, a la sombra de su bella Colegiata los «conqueros» (viene de cuenco) realizarán su juramento mediada la semana y pedirán limosna para los necesitados. Los nacidos fuera de esta región necesitan algunos años para conocer mejor nuestra identidad, nuestras costumbres tradicionales y nuestras celebraciones sacras y profanas. Conviene vivirlas personalmente, aunque las referencias escritas sean buenas. ¡Quién que haya asistido a la Procesión del Entierro de Bórdanos de Aliste no se conmueve al contemplar a gentes humildes vestir el sudario blanco, con el que serán enterrados, y subir al monte Calvario tras la imagen de sus anhelos! En Alcanices se hace un Descendimiento el viernes; en Fuentes de Popel se queman en hoguera los pecados; en Benavente, Fuentesauco, Villalpando y Puebla de Sanabria, la Semana Santa ofrece particularidades muy notables; y en algunas localidades, como Nuez de Aliste se cantan en castellano y en latín el Miserere y el Stabat Mater.

Medina del Campo, ciudad mercantil, cuyas calles pisaron San Juan de la Cruz y Santa Teresa, y donde la reina Isabel la Católica cerró sus ojos, celebra, muy arraigada a la tradición, la Semana Santa, siendo las cofradías de la Vera Cruz y de la Quinta Angustia las más antiguas, puesto que su constitución se fecha en el siglo XVI. Aunque, si confiamos en la historia, la visita que a Medina hizo San Vicente Férrer en 1411 insufló aires de sacrificio y penitencia a los habitantes de esta vieja ciudad que, sin duda, celebraron procesiones de disciplina por aquellos años.

Tordesillas, al abrigo de su histórico archivo impulsado por Felipe U, organiza unas procesiones acordes con la importancia de la villa.


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