Toro de Vega.

Por su carácter descarnado, original y único, el toro de la Vega que se celebra en Tordesillas es un rito de resonancias ancestrales, cuya vitalidad y significación siguen con plena vigencia y renovada ilusión en la actualidad.

Como sucede en otros ritos, sobre todo cuando el animal cuya lidia se va a realizar lo hará en solitario, como una individualidad representativa de su raza, se tiene especial cuidado en la elección del Toro de la Vega.

Una vez seleccionado el Toro de la Vega, y con una anticipación al martes siguiente al día 8 de septiembre, festividad de la Virgen de la Guía, patrona de Tordesillas, de dos o tres semanas, el astado es conducido hasta unos corrales fuera del núcleo urbano para que pueda ser contemplado y valorado tanto por espectadores como por quienes van a afrontar el combate con la bestia.

En la madrugada del lunes al martes, horas antes de la lidia en la Vega, tienen lugar los siguientes hechos: traslado del toro en un camión de la finca al puente sobre el Duero en su margen izquierda; suelta del toro con unos cabestros hasta la plaza; prueba o tienta del toro en la plaza por los aficionados; decisión espontánea del público sobre si el toro es apto o no para ser lidiado en la Vega (dispuesto siempre otro toro sustituto).

Por lo que respecta a los criterios en que se fija el publico para considerar valido o no al toro, puede decirse que son fundamentalmente: que no tenga ninguna clase de defecto; que sea grande y con buenos pitones; que sea bravo e imponga respeto.

El vértigo del rito del Toro de la Vega comienza el martes ya indicado, a las once en punto de la mañana, cuando se le dará suelta desde el toril cercano al puente que atraviesa el río Duero. La explosión de un artefacto pirotécnico alertará a la multitud allí congregada que el astado comienza su furioso y desbocado recorrido.

Desde el toril hasta el embroque con el puente serán legión quienes, de diferente edad y condición, corran alrededor de la res, tal y como acontece en los centenares de encierros de bravos que se celebran cada año en nuestra geografía.

Atravesado el puente por toro y gentío, las talanqueras, en pronunciada curva hacia la derecha, insinúan la Vega como tramo acotado y definitivo del rito. La carrera se convierte en combate: a caballo o a pie, los lanceros enarbolan el arma para afrontar la embestida de la res y poner fin a su vida.

Si bien la manera que aporta mayor autenticidad a la lucha es la de un combate frontal, no suele ser fácil, por el riesgo y otros factores, este modo de embroque, por lo que también se practican suertes de costado o laterales.

Una vez que el toro ha doblado debido a una o varias lanzadas -a pie o a caballo- es inmediatamente apuntillado para que muera y sufra lo menos posible. Muerto ya el toro, caballistas con o sin lanza, peones, lanceros, aficionados, curiosos... se acercan lo antes posible al lugar donde yace el toro; todos intentando ver al toro, algunos tocarle y otros manchar de sangre la punta de su lanza o las propias manos.

Por lo que respecta a los premios para el alanceado quien hizo doblar al toro, pueden distinguirse tres tipos:

  • Los testículos del toro, que pone en la punta de su lanza pasea de regreso a la villa orgulloso.

  • Una insignia impuesta por el alcalde, representando una lanza.

  • Y el mayor: ser uno de los muchos lanceros que han dado muerte al Toro de la Vega.

Cuando la paulatina disminución de personas lo permite, el toro es trasladado por los adjudicatarios de la subasta pública del arrastre desde el Campo de la Vega al matadero, donde se realizan las operaciones oportunas para que su carne sea vendida como carne de toro de lidia.

Rito de sabor ancestral, medieval, que mira con descaro a las siempre desafiantes astas del Toro de la Vega, único y autentico en su renovada realidad y en su aventurada participación.

Volver a la pantalla anterior.

Para volver a la página principal.